La santidad en las pequeñas cosas: encuentro de los asociados a San Giorgio Ionico

Scritto il 13/04/2026
da Rosita Sorrentino

El sábado 28 de marzo, junto a la tumba de nuestro querido padre fundador, tuvo lugar un encuentro fraternal de preparación para la Santa Pascua con las comunidades de San Giorgio Ionico, Taranto y Maglie.

Los asociados dedicaron una hora a la adoración eucarística, rezando por la paz. Tras el rezo de las vísperas, la madre nos obsequió con su presencia y su testimonio, dedicándonos unas palabras inspiradas en algunas homilías del padre. A pocos días de la Pascua, nos invita a hacer un examen de conciencia profundo, pero extremadamente concreto. Recurriendo al corazón de las enseñanzas del Padre, que se inspiró en el Evangelio de Juan, nos preguntó: «¿Quieres curarte?».

Al igual que el paralítico de la piscina de Siloé, todos nosotros arrastramos heridas y fragilidades. La Cuaresma es un momento oportuno para rezar por nuestra curación. Sin embargo, el mayor obstáculo suele ser interior: a veces «amamos nuestra enfermedad», aferrándonos a egoísmos, afectos desordenados o viejos hábitos que nos impiden avanzar con paso firme.



El núcleo del mensaje es una invitación a la concreción. La verdadera santidad no se mide por los grandes gestos, sino por la capacidad de transformarse en las pequeñas cosas. Un retraso, una insistencia, una mirada menos benévola o una broma mordaz son las «cadenas» que nos bloquean. La exhortación es clara: hay que reparar de inmediato cualquier descortesía o falta de caridad fraterna. La sanación espiritual requiere el valor de responder a Dios con un «sí» convencido e inmediato. Solo superando las pequeñas asperezas de la vida cotidiana podemos considerarnos verdaderos testigos de Cristo resucitado y del legado del padre Pío.

El mensaje final es un grito de esperanza: «¡Ánimo, lo conseguiremos!». El compromiso con la humildad y la mansedumbre es hoy el camino seguro hacia la comunión íntima con Dios, tanto en la tierra como en el Cielo. También nos ha recordado que, si queremos curarnos de nuestros apegos terrenales, como el paralítico, debemos ser fieles en las «pequeñas cosas».

A continuación, don Mino celebró la Santa Misa y, durante la homilía, nos recordó que no son las formalidades las que nos salvan, sino la actitud del corazón. Y, retomando las palabras del padre recordadas por la madre, subrayó la santidad de las «pequeñas cosas»: la Cuaresma se vive en lo cotidiano, venciendo los celos, los resentimientos y los caprichos. Y, por último, pero no menos importante, la oración incesante, como la del Padre, que siempre llevaba el rosario entre las manos. Para concluir, debemos subir al Calvario «con alegría», siguiendo la enseñanza del Padre Pío: la cruz hay que abrazarla con valentía y alegría, no con tristeza. La vida es un calvario, pero afrontarla con amor nos une a Jesús. El Padre Pío fue el primer testigo de este amor a la cruz, convirtiéndose en «Cirineo» de sus hijos espirituales y llevando sus cargas con humildad y generosidad hasta el final.

Finalmente, recibimos una sorpresa totalmente inesperada: un saludo de nuestro recién elegido presidente, Enrico, que había querido orar en soledad por su mandato, pero se encontró con que todos nosotros, sus hermanos, estábamos orando también por él. Se alegró mucho de que algunas comunidades se hubieran reunido y espera que haya más momentos intercomunitarios como este para que crezca también nuestra fraternidad.

Y, como dijo Enrico, «después de lo místico, lo masticable», al final de esta bonita tarde de oración y amistad, recuperamos fuerzas con el ágape.

Para concluir la velada, algunos aprovechamos la ocasión para dirigirnos a la cercana parroquia de los Santos Patrones de Italia, San Francisco y Santa Catalina, iglesia jubilar designada como tal con motivo del 800.º aniversario de la muerte del santo patrón. Acompañados por don Mino, obtuvimos la indulgencia plenaria.