Servir al servicio del carisma: se elige al nuevo Consejo de Asociados

Scritto il 24/03/2026
da Carmen Calaluce

Se respira un ambiente que, en ocasiones, se vuelve casi tangible: es la gracia, la presencia del Señor que pasa y llena el corazón, el Espíritu Santo que mueve nuestras vidas y lo dispone todo según la voluntad divina. Esto es lo que vivimos durante la VI Asamblea General Ordinaria de los Asociados Siervos del Sufrimiento, celebrada del 13 al 15 de marzo de 2026 en el Centro de Espiritualidad Padre Pío de San Giovanni Rotondo. No fue solo un momento formal, sino un tiempo habitado por Dios, en el que cada uno se sintió parte de algo más grande, y que culminó con la elección del nuevo presidente y del nuevo consejo directivo.



Tras un proceso de escucha, oración y discernimiento en presencia del moderador, don Giuseppe Carrieri, fue elegido presidente Enrico Carnevalini, de la comunidad de Roma. Junto a él, fueron elegidos los miembros del nuevo consejo directivo: Roberta Alfano (Nápoles), María Dolores Álvarez Valdés (Madrid), Stefania Bellavista (Roma), Giuseppe Clini (Pavía), Angelo Farinola (Molfetta) e Ignazio Floriano (Ruvo di Puglia). Además, se nombró secretario a Davide Spalvieri (Roma) y tesorero a Antonio Russo (San Giorgio Jonico). Hemos encomendado inmediatamente estos nombres y rostros al Señor, para que sea Él quien guíe, sostenga y haga fecundo nuestro carisma.


Uno de los momentos más emotivos de la asamblea fue el informe de fin de mandato de la presidenta saliente, Eliana Gattullo, que conmovió profundamente a todos los presentes. Sus palabras no fueron solo un balance, sino un testimonio vivo de amor fiel al carisma y a la familia de los Siervos del Sufrimiento. Percibimos claramente cuánto ha obrado el Señor en estos años a través de su servicio, durante el cual Eliana ha realizado numerosas visitas a las comunidades de asociados presentes en todo el mundo, dejando en todas partes una huella de cercanía y cuidado. Precisamente durante este tiempo, en ella ha madurado un nuevo brote: servir a nuestra familia de una manera diferente, mediante la consagración en el Instituto Secular Siervos del Sufrimiento. Un anuncio que fue acogido con emoción y alegría, ya que se reconoció en él la obra discreta y poderosa de Dios, y que nos recuerda que nuestra vocación es siempre un camino abierto, nunca concluido.



La catequesis dominical, dirigida por monseñor Carmelo Pellegrino, fue una valiosa ocasión formativa. Inspirándose en una homilía de nuestro padre, monseñor Pierino Galeone, abordó el tema del servicio y el peligro del poder, y nos recordó el criterio de discernimiento de Jesús: servir y no ser servidos, elegir el último lugar, como hicieron los apóstoles. Una llamada firme y necesaria para conservar un estilo evangélico auténtico.


En su primera intervención como presidente, Enrico habló con una sencillez cautivadora y una profundidad que solo puede provenir de quien realmente desea servir a Jesús sirviendo a los demás. Recordó que quien asume un cargo en nuestra familia está llamado a «despojarse del manto de miembro de la comunidad a la que pertenece para revestirse del de toda la comunidad». No se trata de una imagen, sino de una elección concreta: hacerse uno con todos y llevar a todos en el corazón, sin límites. Reiteró que este cargo no es un sillón, sino un servicio: todo lo que se hace, se hace por Jesús, para servirle a Él y al carisma, según las enseñanzas de nuestro Padre. No se hace por prestigio ni para ser vistos, sino por amor.


En todo momento de la asamblea se ha percibido con fuerza la presencia de nuestro Padre. El carisma que nos transmitió sigue hablándonos, guiándonos y recordándonos que en la obediencia, la humildad y la entrega se esconde una fuerza capaz de transformar el mundo. Es como si nos invitara una vez más a no perder de vista lo esencial: pertenecer a Cristo y vivirlo todo en Él.


Lo que hemos vivido no termina con unas elecciones. Es un nuevo comienzo, una llamada renovada para que cada uno de nosotros diga su «sí» con mayor conciencia, amor y confianza. Y en el corazón permanece una certeza sencilla y luminosa: cuando uno se pone verdaderamente al servicio del Señor sin esperar nada a cambio, Él siempre hace grandes cosas.