El retiro de junio partió de una pregunta y desembocó en una respuesta sorprendente que ilumina la vida: «¿Dónde podemos encontrar realmente a Jesús?».
Esta fue la pregunta que sirvió de hilo conductor al retiro espiritual de los Asociados Siervos del Sufrimiento que, junto con los Simpatizantes, se reunieron del 5 al 7 de junio pasado, como es habitual, en el Centro de Espiritualidad Padre Pío de San Giovanni Rotondo. Estos dos días se caracterizaron por una sucesión de intensos momentos de oración, reflexión y fraternidad vividos a la luz de la Palabra de Dios.
Las meditaciones corrieron a cargo de don Carmelo Pellegrino y don Giuseppe Tavolacci, mientras que la presencia de nuestro moderador, don Giuseppe Carrieri, enriqueció aún más estos días de gracia y comunión fraterna.
Desde la primera meditación, don Carmelo invitó a los participantes a confrontarse con un deseo que habita en el corazón de todo hombre: poder ver, escuchar y tocar a Jesús. Un deseo que atraviesa no solo la vida de los creyentes, sino también la de quienes, aunque aún no conocen a Cristo, buscan la felicidad y un sentido pleno para su propia existencia.
Una búsqueda que a menudo se enfrenta a las decepciones y a los límites de la realidad terrenal. Sin embargo, tal y como se ha destacado durante el retiro, Jesús sigue haciéndose presente también hoy. Podemos escucharlo en su Palabra, que sigue hablando al corazón del hombre, y encontrarlo en los sacramentos, en los que el Señor se deja tocar de verdad. La pregunta que dio título al retiro no quedó sin respuesta: Cristo no pertenece solo al pasado, sino que sigue caminando a nuestro lado en la vida cotidiana.
Por la tarde, la reflexión se centró en la figura de San Francisco de Asís. Una referencia especialmente significativa para los Siervos del Sufrimiento que, como hijos espirituales de Padre Pío, hunden sus raíces en la espiritualidad franciscana.
Don Carmelo acompañó a los presentes en el descubrimiento del corazón de la experiencia franciscana, yendo más allá de la imagen, a menudo reduccionista, de un Francisco simplemente enamorado de la naturaleza.
A través del relato de la vida del santo de Asís, surgió con fuerza el significado cristiano del «dejar». Francisco supo renunciar a las seguridades, los privilegios y los proyectos personales, no para perseguir un sufrimiento como fin en sí mismo, sino para acoger plenamente la voluntad de Dios. Un testimonio que sigue hablando también hoy, iluminando las tribulaciones y las pruebas que cada uno está llamado a afrontar en su propio camino.
El sufrimiento, cuando se confía a Cristo, no queda sin fruto. Se convierte, por el contrario, en un lugar de transformación, un camino de fe y un preludio de la resurrección. Así como la Pascua pasa por la Cruz, también toda experiencia vivida en comunión con el Señor puede abrirse a la esperanza y a la vida nueva.
En la última meditación, don Carmelo centró su atención en la vocación concreta del Siervo del Sufrimiento, deteniéndose especialmente en el tema de la fraternidad. A través de una imagen sencilla pero incisiva, recordó que se ama de verdad cuando el otro se vuelve «insoportable». Es precisamente en ese momento cuando el amor cristiano manifiesta su autenticidad, superando la lógica de las simpatías y las preferencias personales
La fraternidad, de hecho, no coincide con la amistad. Si la amistad surge espontáneamente de afinidades e intereses comunes, una comunidad basada únicamente en ella corre el riesgo de dividirse en pequeños grupos o «facciones». La fraternidad evangélica, en cambio, invita a reconocer en el otro a un hermano al que acoger y servir, más allá de las propias preferencias personales.
Vivir la fraternidad significa, pues, no limitarse a quienes nos son más cercanos o nos caen mejor, sino dejarnos guiar por las necesidades del otro. Este es el estilo que propone el Evangelio y que los Siervos del Sufrimiento están llamados a dar testimonio cada día en sus comunidades y en sus relaciones mutuas.
Las jornadas del retiro se desarrollaron en un ambiente de profundo recogimiento, propiciando momentos de oración personal, intercambio fraterno, escucha de la Palabra y encuentro con Cristo a través de los sacramentos de la Confesión y la Comunión. Un tiempo precioso que ha permitido a los participantes renovar su relación con el Señor y redescubrir la belleza del carisma de los Siervos del Sufrimiento.
La pregunta inicial sigue acompañando el camino de cada uno: «¿Dónde podemos encontrar realmente a Jesús?». Las meditaciones han señalado un camino claro. Lo encontramos en su Palabra, en los sacramentos, en la Iglesia y en los acontecimientos de nuestra vida cotidiana. También lo encontramos en los hermanos que el Señor pone a nuestro lado y en el amor concreto con el que estamos llamados a servirles cada día.

